Peter Sisseck, unos de los precursores del vino ecológico

Peter Sisseck-eco

Peter Sisseck, el enólogo danés que revolucionó el planeta del vino, apostó por el vino ecológico. El planeta del vino tiene estas cosas. Peter Sisseck, cuyo Pingus se puso entre los mejores vinos del planeta, un objeto de culto perseguido, a pesar de su coste (hasta de mil quinientos euros por botella en agregues como la de mil novecientos noventa y cinco), por los enópatas de todo el orbe desea rendir un homenaje a las preparaciones tradicionales de la Ribera del Duero en su próximo proyecto. Mas no solo eso.

El plan que desarrolló es absolutamente verde en sus aspectos y también incluye, al lado de la preparación de vino, el desarrollo de huertas, plantaciones de frutales y hasta el manejo y la cría de ganado con el que conseguirá la basura con la que producirá el compost para abonar las viñas. Todo ecológico. El eje central de este complejo es la bodega, cuyas dependencias ocuparán múltiples edificios que suman tres mil metros cuadrados y que está pensada para vinificar en torno a trescientos litros de un vino concebido a la vieja usanza, o bien cuando menos esa es la pretensión de Sisseck. La sala de preparación va a estar compuesta por grandes depósitos de hormigón y madera y el empleo de barrica va a ser inusual.

– “Las va a haber mas van a ser viejas”, señala el enólogo, quien ya elaboró en 2007 la primera cosecha de este vino cuyo nombre está resuelto a la espera de su aprobación terminante y cuya etiqueta incluirá una cepa vieja y esbelta, con sus raíces incluidas, como único elemento visual en la imagen del nuevo vino, embotellado en botella borgoñona. La obra empezará en el tercer mes del año de dos mil diez y se prevé que esté totalmente acabada en dos mil catorce. “Se trata”, en palabras de su promotor, “de hacer una bodega no muy grande, con un vino de calidad y un costo razonable en el que trabajemos con uva de toda la Ribera del Duero; que no todos y cada uno de los vinos de Peter sean caros”. Una de las razones esenciales que le llevó a fomentar esta nueva bodega es la pérdida del primordial patrimonio de la Ribera del Duero: la viña vieja que, si bien muy nombrada en todos y cada uno de los proyectos vitivinícolas, es más bien escasa. Sisseck recuerda con dolor como la última concentración parcelaria del ayuntamiento burgalés de La Horra ha acabado con cincuenta y cuatro hectáreas de este apreciado viñedo. Mas todavía hay más: la enorme mayoría de los majuelos con una edad notable están a cargo de las cooperativas y acceder a su fruto es misión prácticamente imposible. La resolución de dar la vida a una nueva bodega se fué cuajando poco a poco, mas la idea cuajó totalmente en dos mil siete, una agregue realmente difícil en la Ribera del Duero en la que una granizada tempranera, solamente aflorar la cepa, dejó muy tocada la cosecha de las parcelas destinadas a realizar el Flor de Pingus, el segundo vino de su bodega Dominio de Pingus y que desde dos mil cuatro, con el comienzo de la construcción de la bodega en Quintanilla de Onésimo (Valladolid) tenía «vida propia» merced a viñedos de La Horra, la mayor parte en propiedad.

“El Flor de Pingus es un vino destinado a realizarse cada año, un vino que había adquirido su personalidad y que tiene su mercado y por la granizada de dos mil siete solo pudimos hacer la mitad de lo previsto”

Añadió que al no poder recurrir a uva de suficiente calidad para realizar su Flor empezó a acariciar la idea de edificar una nueva bodega en la que un estrellato esencial recayera en el viñedo.-  “Se trata de fomentar un término nuevo de vino, de vinificar como se hacía ya antes, con tinajas de madera y tientos de cemento”, apuntó el enólogo danés, quien se mostró partidario, tras varios años en la Ribera, “de devolver el conocimiento que hemos adquirido y contribuir a progresar la calidad de los cosas”.

En el fondo, la iniciativa de Peter tiene perfil de una suerte de cooperativa, más del siglo veintiuno, en el que la propiedad de la bodega va a ser suya más la uva va a ser aportada por viticultores que formarán una parte del proyecto y eludir, en la medida de los posible, la reproducción de situaciones como la de La Horra. El sistema de trabajo en este reto va a ser afín al que desarrolla ahora en Dominio de Pingus con el único distribuidor de uva que tienen para su segundo vino. “Nosotros trabajamos muy de cerca con la gente que coopera con nosotros, se les asesora de forma permanente y se efectúan los trabajos en su viñedo en la medida que quieran: si desean podar, lo hacen y si no lo hacemos , y lo mismo con el resto de trabajos de la vid”, apunta el ánima de Pingus, quien deja claro que todo, tanto lo propio como lo controlado, es totalmente ecológico. Y aquí reside exactamente una de las claves del nuevo proyecto: va a haber un equipo de gente joven que asesore integralmente a los viticultores, tanto de trabajos relacionados con la viña como de papeleo y cualquier otro tema relacionado directa o bien de manera indirecta con este campo y Peter y su equipo de encargarán de hacer el vino y de comercializarlo. La bodega, que se va a levantar en una parcela de 4 hectáreas ubicada al lado de la pedanía pucelana de San Bernardo, al lado del Monasterio de Valbuena, acarreó una inversión de 3 o bien 4 millones de euros y el proyecto arquitectónico, ya terminado, incluye tres mil metros cuadrados construidos en diferentes edificios de líneas rectas separados entre sí, lo que dejará acometer su construcción por fases y crear una especie pequeño pueblo para dar un servicio integral a los viticultores que se queden en los pueblos de la Ribera.

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